Reflexiones y claves prácticas desde ‘La mente compasiva’ de Paul Gilbert
En la vida cotidiana, muchas personas muestran una notable capacidad para ser comprensivas, pacientes y solidarias con quienes las rodean. Sin embargo, cuando se trata de sí mismas, ese trato cálido y compasivo suele transformarse en una voz interna severa, exigente y, a menudo, despiadada. ¿Por qué nos resulta tan fácil consolar a un amigo en apuros, pero tan difícil ofrecernos a nosotros mismos ese mismo consuelo? ¿Por qué la autocrítica y el sentimiento de insuficiencia parecen ser la norma, mientras que la autocompasión se percibe como un lujo o incluso una debilidad?
Esta paradoja, tan común en la experiencia humana, es el punto de partida del libro ‘La mente compasiva: Una nueva forma de enfrentarse a los desafíos vitales’ de Paul Gilbert. En esta entrada, exploraremos de manera cercana y práctica las ideas centrales de la obra, cómo la compasión puede transformar nuestra relación con nosotros mismos y qué pasos concretos podemos dar para cultivar la autocompasión en la vida diaria. El objetivo es invitarte a reflexionar y, sobre todo, a dar un primer paso hacia una relación más amable y saludable contigo mismo, en sintonía con la misión de MentalNet de promover el bienestar emocional y la salud mental en nuestra comunidad.
«Recuerda, te has estado criticando durante años y no ha funcionado. Intenta aprobarte a ti mismo y verás que sucede»
El problema de la autocrítica y el sentimiento de insuficiencia
En la cultura occidental, la autocrítica se ha visto durante mucho tiempo como una virtud: “Si soy duro conmigo mismo, mejoraré”, “No puedo permitirme fallar”, “Si me relajo, me volveré débil o mediocre”. Sin embargo, la evidencia psicológica muestra que la autocrítica excesiva no solo no mejora el rendimiento, sino que aumenta el miedo al error, la procrastinación y el agotamiento emocional. Además, la autocrítica suele estar acompañada de un sentimiento de insuficiencia, una creencia arraigada de que “no soy lo suficientemente bueno”, “los demás son mejores” o “no merezco ser feliz”.
La consecuencia de este trato interno es un aumento del estrés, la ansiedad, la depresión y una disminución significativa del bienestar y la autoestima. Como señala Paul Gilbert, “tratarse a uno mismo de forma desagradable y crítica no es bueno para el cerebro y estimula todo tipo de estrés”. Por eso, aprender a cultivar la autocompasión no es un acto de indulgencia, sino una necesidad para la salud mental y el crecimiento personal.
‘La mente compasiva’: Un resumen práctico y cercano

Paul Gilbert, psicólogo clínico y creador de la Terapia Centrada en la Compasión, parte de una premisa sencilla pero profunda: la compasión es una habilidad que puede entrenarse y que transforma radicalmente la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Su libro es una invitación a comprender cómo funciona nuestra mente, por qué tendemos a la autocrítica y cómo podemos activar y fortalecer nuestro “sistema de compasión” para vivir con mayor bienestar.
Gilbert define la compasión como “una bondad básica con una conciencia profunda del sufrimiento propio y de otros seres vivos, que se complementa con el deseo y el intento de aliviarlo”. Esta definición va más allá de la simple empatía o simpatía: implica una motivación activa por aliviar el sufrimiento, tanto ajeno como propio.
¿Cómo transforma la compasión la relación con uno mismo?
Según Gilbert, cuando desarrollamos una mente compasiva, reorganizamos nuestros pensamientos, emociones y motivaciones de manera que favorecen el bienestar, la resiliencia y la conexión con los demás. La autocompasión nos permite:
- Reducir la autocrítica y el perfeccionismo: En lugar de castigarnos por los errores, aprendemos a verlos como oportunidades de aprendizaje y crecimiento.
- Regular mejor las emociones difíciles: La autocompasión actúa como un regulador emocional, ayudándonos a manejar la ansiedad, la tristeza y la frustración de manera más equilibrada.
- Aumentar la resiliencia: Las personas autocompasivas se recuperan más rápido de los fracasos y adversidades, ya que no se quedan atrapadas en la culpa o la vergüenza.
- Mejorar la autoestima y el bienestar: Al tratarnos con amabilidad, fortalecemos nuestra autoestima y experimentamos una mayor satisfacción vital.
- Fomentar relaciones más sanas: La autocompasión nos hace más empáticos y comprensivos con los demás, mejorando la calidad de nuestras relaciones.
El libro ofrece una variedad de ejercicios y prácticas, desde la visualización y el mindfulness hasta el cambio del diálogo interno, para entrenar la mente compasiva y hacer de la autocompasión un hábito cotidiano.
Los tres sistemas emocionales: Una brújula para entendernos

Uno de los aportes más valiosos de Paul Gilbert es la explicación de los tres sistemas emocionales que regulan nuestro comportamiento y bienestar. Comprenderlos es clave para identificar por qué caemos en la autocrítica y cómo podemos activar la autocompasión.
El sistema de amenaza es el más antiguo y dominante: está diseñado para protegernos, pero cuando se activa de forma crónica (por ejemplo, a través de la autocrítica constante), genera estrés y malestar. El sistema de logro nos impulsa a buscar metas y recompensas, pero si se sobreactiva, puede llevar a la autoexigencia y la frustración. El sistema de calma y satisfacción es el que menos se estimula en la vida moderna, pero es fundamental para el bienestar: se activa con la compasión, la amabilidad y el autocuidado.
La clave, según Gilbert, es aprender a equilibrar estos sistemas y fortalecer el sistema de calma y compasión, especialmente en momentos de dificultad. Esto no solo reduce el impacto de la autocrítica, sino que nos permite enfrentar los desafíos con mayor serenidad y resiliencia.
Ejercicios y prácticas para cultivar la autocompasión
El libro ‘La mente compasiva’ no se queda en la teoría: ofrece una serie de ejercicios prácticos, sencillos y accesibles para entrenar la autocompasión en la vida diaria. A continuación, se presentan algunas de las prácticas más efectivas, acompañadas de ejemplos adaptados al contexto cotidiano chileno y latinoamericano.
1. El diario de la autocompasión
Dedica unos minutos cada día a escribir sobre un momento difícil que hayas vivido. Describe qué pasó, cómo te sentiste y qué pensamientos surgieron. Luego, responde a tu experiencia como lo haría un amigo compasivo: con palabras amables, reconociendo tu dolor y recordándote que todos los seres humanos pasan por dificultades.
Ejemplo:
“Hoy me equivoqué en una presentación en el trabajo y sentí mucha vergüenza. Mi mente me decía que soy un desastre y que nunca hago nada bien. Si un amigo estuviera en mi lugar, le diría: ‘Es normal equivocarse, todos cometemos errores. Lo importante es que diste lo mejor de ti y puedes aprender para la próxima vez’.”
2. Visualización del yo compasivo
Busca un lugar tranquilo, cierra los ojos y respira profundamente. Imagina una versión sabia y amorosa de ti mismo, que comprende tu dolor y te habla con ternura y paciencia. Visualiza cómo te mira con calidez, cómo te ofrece apoyo y qué palabras reconfortantes te diría.
Ejemplo:
“Imagino a mi yo compasivo diciéndome: ‘Entiendo que estés cansado y frustrado, pero eso no te hace menos valioso. Mereces descanso y cuidado, igual que cualquier otra persona’.”
3. Pausa de autocompasión
Cuando notes que surge la autocrítica, detente unos segundos. Coloca una mano en tu pecho, respira y repite una frase amable: “Esto es difícil, pero puedo ser amable conmigo mismo”, “Estoy haciendo lo mejor que puedo”, “Que pueda ser paciente y comprensivo conmigo hoy”.
Ejemplo:
“Después de discutir con mi pareja, me sentí muy mal y empecé a criticarme. Me detuve, puse la mano en el corazón y me dije: ‘Es normal sentirse así después de una discusión. Me permito sentir y aprender de esta experiencia’.”
4. Carta compasiva
Escribe una carta a ti mismo desde la perspectiva de un amigo cariñoso. Imagina que ese amigo sabe todo sobre tus luchas y aún así te acepta y apoya. Lee la carta cada vez que sientas que la autocrítica te abruma.
Ejemplo:
“Querido yo: Sé que hoy fue un día difícil y que sentiste que no diste la talla. Quiero recordarte que eres valioso tal como eres y que mereces comprensión, no castigo. Todos tenemos días malos, pero eso no define quién eres.”
5. Microprácticas cotidianas
- Hablarte con amabilidad al mirarte al espejo.
- Reconocer tus logros, por pequeños que sean.
- Permitir descansos y autocuidado sin culpa.
- Pedir ayuda cuando la necesites, sin sentirte débil por hacerlo.
Ejemplo:
“Hoy logré terminar una tarea difícil en el trabajo. En vez de pensar que podría haberlo hecho mejor, me felicito por el esfuerzo y me permito descansar un rato viendo mi serie favorita.”

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